Reflexión diaria

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24 de abril

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Reflexión

La capacidad de experimentar asombro y asombro es una parte importante de nuestra base espiritual. La percepción del mundo como una manifestación de Dios, con todo como bello o bueno en sí mismo, nos permite experimentarlo con admiración agradecida, vivir fascinados, sentir paz y, en última instancia, ser uno con nosotros mismos y con todos los demás. Esta es una cualidad que parece escasear cuando basamos toda nuestra satisfacción en las cosas materiales. Perdemos la capacidad de quedarnos asombrados cuando olvidamos que toda la creación es un regalo de Dios. Las posesiones materiales van y vienen, pero la belleza de la creación es para siempre. ¿Estamos asombrados o lo damos todo por sentado?

Oración

Que podamos recuperar el asombro y el asombro de la infancia cuando todo parecía nuevo y “lleno de maravillas”.

Acción

Hoy trata de notar y apreciar lo maravilloso de lo ordinario.

Lectura sugerida

El principio de la sabiduría es el temor en el Señor y el conocimiento del Santo es la comprensión.
Proverbios 9: 10-12

Como administradores de la creación de Dios, estamos llamados a hacer de la tierra un hermoso jardín para la familia humana. Cuando destruimos nuestros bosques, devastamos nuestro suelo y contaminamos nuestros mares, traicionamos esa noble vocación.
Papa Francisco 

La humanidad no perecerá por falta de información; pero sólo por falta de aprecio. El comienzo de nuestra felicidad radica en comprender que no vale la pena vivir una vida sin maravillas.
Abraham Josué Heschel 

La gratitud otorga reverencia, permitiéndonos encontrar epifanías cotidianas, esos momentos trascendentes de asombro que cambian para siempre la forma en que experimentamos la vida y el mundo.
John Milton

Aquel que ya no puede detenerse a maravillarse y permanecer absorto en asombro, está casi muerto; sus ojos están cerrados.
Albert Einstein

 Si pudiéramos ver claramente el milagro de una sola flor, toda nuestra vida cambiaría.
Buda

 Si un niño quiere mantener vivo su sentido innato de asombro, necesita la compañía de al menos un adulto que pueda compartirlo, redescubriendo con él la alegría, la emoción y el misterio del mundo en el que vivimos.
Raquel Carson