Memoriales

Hermana Muriel T. Smithwick. CSJ

SMITHWICK 4419

Cuando lees el Obituario de una Hermana, ves la lista de sus ministerios y los años de su servicio.

¿Uno se pregunta quién era esta mujer?

Poco después del nacimiento de Muriel, una enfermera le dijo a su madre: "Estos piececitos van a llegar a donde ningún pie ha llegado". ¡Qué cierto era eso!

Tenía una familia pequeña. Su madre, su padre, su hermana Florence, su cuñado, Jack y su sobrino, John, a todos a quienes amaba profundamente y todos fallecieron antes que ella. Así que fue un privilegio que nuestras familias y nosotros nos convirtiéramos en su familia. Como diría Muriel, éramos las “4 hijas que ella nunca quiso”.

El domingo pasado escuchamos la Carta de San Pablo a los Corintios: Hay diferentes clases de dones pero el mismo Espíritu, diferentes clases de servicio pero el mismo Dios, diferentes obras pero un mismo Dios que las produce todas en todos.

Muriel T. Smithwick, una mujer con un talento sin medida. El viernes revisé la libreta de direcciones de Muriel y llamé a sus muchos amigos. Llamé a sus queridas amigas, Dolores, Norma y Faye, quienes compartieron con ella muchas de las aventuras de la vida. Llamé a los muchos lugares de sus ministerios: California, Florida, Westchester, Jersey, Long Island.

Lo que pensé que sería una tarea difícil fue, de hecho, muy edificante e inspiradora. Cada persona con la que hablé recordaba el entusiasmo de Muriel por la vida, su relación vibrante y sincera con cada uno de ellos, su sed de conocimiento, su habilidad para comunicarse, su vitalidad. Ella siempre estaba dispuesta a todo, siempre lista para celebrar. Una me dijo: “una vez que te conoció, te conoció para siempre”.

Su obituario dirá que fue maestra y directora en varias escuelas primarias y secundarias... de lejos, una extraordinaria profesora de italiano. Fue supervisora diocesana en Brooklyn y Newark.

Muriel encontró obstáculos y con su profunda fe en Dios y con su “voluntad de hierro” los abrazó y siguió adelante con esa misma alegría de vivir.

En 2003, le diagnosticaron degeneración macular bastante avanzada.

Incapaz de ver más allá de las sombras, su mente aguda la ayudó a reconocer voces y continuar participando en conversaciones vitales y estimulantes.

Obligada a jubilarse, se convirtió en la “dueña de Bragg Street”. Memorizó números de teléfono: fontanero, electricista, exterminador, pizzería, restaurante chino... todos los pedidos pasaban por Muriel. ¡Incluso logró seguir horneando una excelente tarta de lima!

Como ya no podía leer, escuchaba las noticias mundiales del mediodía y de la noche, la lectura de las noticias congregacionales y todos los best sellers en disco. Cada noche, durante la cena, pedía las "primicias" y nos actualizaba sobre el último best seller.

Todas las noches, cuando Muriel subía a su habitación, decía: Sogni d'oro (sueños dorados a domani), hasta mañana.

Y ahora sabemos que todos los mañanas de Muriel los pasará en el abrazo de un Dios amoroso –y así, Muriel… Sogni D'oro, A domani

La hermana Muriel Smithwick, CSJ falleció el 14 de enero de 2016 en el 71 año de su vida religiosa.

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